El mundo está loco, definitivamente loco. Lo rico, engorda. Lo lindo sale caro. El sol que ilumina tu rostro, arruga. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina.

domingo, 28 de marzo de 2010

Ella.

En un día blanco como las cosas que a veces se esnifan, conocí a un ángel del mismo color del cielo, y del suelo en este caso. Alguien podría decirme que los ángeles no existen, o que si existen, desde luego, no están en este mundo, pero yo aseguro que ella lo es.Ella es una muñequita camuflada en un hostil traje de callejera amante de la música. Tiene una mirada que embriaga: cuando agacha su cabeza y eleva sus inmensos ojos verdes para mirarte mientras enarca la media luna que hay debajo de su nariz en una sonrisa, y se forma un surco a cada lado de ella. Y tú, irremediablemente, viendo tal carita celestial, no puedes evitar sonreír y olvidarte de las penas, aunque sea durante 58 segundos.Ella siempre tiene una palabra correcta para el momento acertado, ¿o era una palabra acertada para el momento correcto? Es igual, siempre tiene lo correcto para el momento acertado y viceversa, porque ella lo tiene todo.A veces pienso en Ella, en las gotas de agua de la lluvia, en la filosofía, en escribir, en las sonrisas, en la vida… Y veo lo parecidas que somos, hasta que caigo en la cuenta de que yo no soy un ángel, soy un demonio con pies de plomo, y ella siempre estará ahí para enseñarme y rescatarme con las uñas del infierno en el que me haya apalancado.A ella le gusta que le den las gracias, pero siempre sonriendo. Y le cautiva hacer reír a unos ojos tristes.Ella odia tener que pensar demasiado, porque quiere decir que no sabe algo. Pero odia aún más no tener que pensar.A ella le parece ridículo tener que pedir un abrazo o preguntar “¿qué te pasa?”, porque entre nosotras no hace falta. Y ella tiene una sonrisa completa casi siempre, pero solo casi.Ella me encanta, me da cariño cuando más lo necesito, y siempre tiene una palabra que me arropa. A ella la quiero, porque es la antítesis del cielo y… muchas cosas más.Y por todos estos motivos, y todos los que me dejo sin contar, me pregunto muchas veces “¿qué hace un ángel como tú en un infierno como el mío?”.

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